Cómo limpiarla sin cargártela
La freidora de aire se limpia fácil si lo haces al momento, y se convierte en un infierno si lo dejas para el fin de semana.
Después de cada uso: dos minutos
- Desenchúfala y deja que temple, sin que se enfríe del todo. La grasa tibia sale sola; la grasa fría hay que rascarla.
- Cesta y bandeja: agua caliente, jabón y esponja blanda. Cinco minutos en remojo si algo se resiste.
- Por dentro: un paño húmedo por las paredes.
- Sécalo todo antes de montarla. El agua atrapada acaba oliendo.
La resistencia: lo que casi nadie mira
Es la pieza que más ensucia el rendimiento y la que nadie limpia. La grasa que salpica hacia arriba se cuece encima de la resistencia, forma una capa marrón y aísla: a partir de ahí todo tarda más y dora peor, y muchas veces ese olor a quemado que no se va viene de ahí.
Una vez al mes: desenchufada y fría, dale la vuelta al aparato con cuidado para acceder a la resistencia por arriba y pásale un cepillo suave con agua y jabón, escurriendo bien. Que no gotee agua dentro.
Lo que arruina el antiadherente
- Estropajo metálico o de los verdes duros. Un solo uso deja marcas por las que se empieza a levantar.
- Cubiertos de metal para sacar la comida. Pinzas de silicona o de madera.
- Sprays de aceite en aerosol. La lecitina que llevan se polimeriza y forma una capa pegajosa que ya no sale.
- Meterla en el lavavajillas si el fabricante no lo dice. Comprueba el manual: muchas cestas no son aptas y el detergente agresivo se come el recubrimiento.
Olores que no se van
Si después de limpiarla sigue oliendo a pescado o a frito, prueba esto: pon la cesta con medio limón exprimido y un dedo de agua, y ponla 10 minutos a 160 grados. El vapor ácido arrastra el olor. Repite si hace falta.